DULCE HERIDA

Meleagro V, 163.


¿Por qué, abeja que liba entre flores, la piel de Heliodora tocaste, abandonando los cálices vernales? ¿Por decir que también ella sabe clavar en el alma el aguijón de Eros siempre dulce y amargo? Si tal, como creo, es tu intento, ya puedes volverte, amiga del amante, que ha tiempo lo sabemos.



Caballeros de Fortuna, Luis Landero


Muy pronto, sin embargo, descubrió que uno de los efectos sorprendentes del amor era que la desdicha traía consigo su propia medicina. Era como si también al amor se le pudiera aplicar el refrán de ‘lo que no mata, engorda’, porque ahora la pesadumbre no sólo se ofrecía como paliativo contra ella misma sino que enseguida se convirtió en un motivo secreto, incomprensible y hasta fascinante de deleite. Cuando quiso darse cuenta, se encontró a todas horas aguzando el ingenio para buscar razones con que alimentar el fuego de aquel sufrimiento placentero.

Caballeros de Fortuna, Luis Landero. Bacerlona, Tusquets, 1994. P. 278